
Le vuelvo a tomar prestada la frase a Ruben Darío por intermedio de Sergio Ramírez con la única excusa de escribir este necio post que sólo pretende colaborar con mi propósito de ahuyentar a los fantasmas de mi corazón. Yo les puse una escoba tras la puerta, incluso inventé algunos conjuros, pero son persistentes y me acosan y vuelven una y otra vez. Alguien me ha dicho que son burdas quimeras que alimento de esperanzas y sueños. Entonces tal vez sea la desesperanza la única cura. Quien sabe.